Seminario abre el debate sobre políticas para la consolidación de plazas y parques en barrios vulnerables

A pesar de los positivos números que respaldan los anuncios de crecimiento y desarrollo de nuestro país, tras las postales de ciudades modernas con altos estándares de vida se ha escondido un crecimiento desproporcionado, desigual y segregador.

El espacio público y, de manera paradigmática, las plazas y parques son algunos de los ámbitos donde se expresa esta desigualdad. Podemos constatar que en la ciudad de Santiago coexisten comunas como Vitacura, que poseen 18,3 m2 de áreas verdes por habitante, con otras tales como Quinta Normal, Independencia y Pudahuel que tienen solamente 1,3 m2 por habitante. Si bien para algunos este sigue siendo un tema secundario frente a otros ámbitos, en los últimos años ha comenzado a recibir mayor atención al ir comprendiéndose su función no solo medioambiental sino social y política, su simbolismo y los efectos que genera su deficiencia.

Estos lugares son espacios privilegiados para el fomento de una cultura cívica de respeto y de ciudadanos con interés y proactividad hacia lo público, por lo que su carencia dificulta nuestro desarrollo como ciudadanía activa y responsable. Además, las consecuencias directas de esta carencia van desde el plano de la salud física al de la salud psicológica, y afectan tanto a los individuos como a las comunidades y la sociedad en general, ya que genera falta de sentido de pertenencia, trabas para la socialización, resentimiento, entre otros.

A partir de la visibilización pública del problema ya se han visto acciones que apuntan a superar estas carencias y desigualdades, tanto desde el gobierno como desde la sociedad civil. Al respecto, Fundación Mi Parque no solo construye y recupera áreas verdes, sino que también trabaja para que estas acciones sean participativas y con una mirada a largo plazo, mediante la creación de mesas de trabajo con dirigentes vecinales a quienes les toca el desafío de consolidar nuevas plazas o parques en sus propios barrios. En tanto, la Facultad de Arquitectura de la UDD ha incorporado estas temáticas en la formación de sus alumnos.

Hoy se hace imprescindible ir más allá y abrir el debate para que estas intervenciones sean verdaderamente transformadoras, sustentables en el tiempo y se logre la anhelada consolidación de estas nuevas plazas y parques. Aquí surge la pregunta clave: construir y recuperar un área verde… ¿y después qué? Después de construido un parque o una plaza, la comunidad que lo rodea se enfrenta a un nuevo escenario, soñado pero no por eso exento de complejidades en su gestión: ¿cómo mantenerlo? ¿Cómo potenciar su uso inclusivo? ¿Cómo evitar que vuelva a destruirse? ¿Cómo generar apropiación positiva del lugar?

El hecho es que muchos proyectos de recuperación de áreas verdes a nivel local han fracasado tras unos meses, demostrando que la construcción de estos espacios no es el único ni menos el último paso para asegurar su sustentabilidad tanto social como medioambiental.

Es necesario mirar las distintas experiencias en esta materia y abrir el debate incluyendo a todos los actores (gobierno en sus distintos niveles, académicos y ciudadanos) para poder identificar dificultades, éxitos y lecciones. Solo así podremos afrontar la pregunta de cómo podemos, desde las políticas públicas y la ciudadanía, construir áreas verdes social y medioambientalmente sustentables, de forma que se asegure su consolidación y se fortalezca la cultura ciudadana necesaria para su uso positivo.

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