El estudio del académico Jorge Fábrega de CICS UDD, ofrece una explicación novedosa a un fenómeno que suele desconcertar a los analistas políticos: por qué actores que comparten las mismas creencias y las mismas preferencias de política, terminan en ciertos momentos, tomando posiciones públicas completamente opuestas.
Una nueva investigación del académico Jorge Fábrega, del Centro de Investigación en Complejidad Social (CICS), de la Facultad de Gobierno UDD, junto al politólogo John Londregan de la Universidad de Princeton, desarrolla un modelo de teoría de juegos que explica por qué legisladores con las mismas creencias y preferencias pueden adoptar posiciones públicas divergentes cuando no son decisivos para un resultado y enfrentan alta incertidumbre.
La investigación titulada “Divergent Position Taking Under Uncertainty With an Application to Chile’s 2021–2022 Constituent Convention” fue publicada en Legislative Studies Quarterly, una de las revistas de referencia mundial en estudios legislativos. El punto de partida del trabajo es una paradoja. La intuición más extendida sugiere que legisladores con plataformas similares deberían converger hacia las mismas posturas, y que actores racionales deberían evitar “apostar” unos contra otros cuando comparten la misma información. Sin embargo, Fábrega y Londregan muestran matemáticamente que existe un conjunto de condiciones bajo las cuales ocurre exactamente lo contrario.
“Nuestra intuición inicial, como la de gran parte de la literatura, era que legisladores con las mismas creencias y las mismas preferencias debieran terminar tomando la misma posición pública. Lo que muestra nuestro modelo es que, bajo ciertas condiciones muy específicas, ocurre lo contrario: se genera una divergencia estable y predecible, no porque discrepen en lo que saben o en lo que quieren, sino por razones puramente estratégicas”, explica Fábrega.
Para desarrollar su argumento, los autores construyeron un modelo de teoría de juegos en el que dos legisladores debían pronunciarse públicamente a favor de uno de dos candidatos o posturas, sin conocer de antemano cuál de las dos va a imponerse y sin que su propio respaldo pueda inclinar la balanza. A diferencia de una apuesta financiera, en la que las partes siempre pueden abstenerse de jugar, en política los legisladores no tienen esa opción: guardar silencio también tiene un costo, similar al de haber respaldado abiertamente al bando que termina perdiendo.
El modelo identifica tres condiciones necesarias para que se produzca esta divergencia “estratégica”: que ninguno de los actores sea decisivo para el resultado final; que exista una alta incertidumbre sobre cuál de las dos alternativas prevalecerá; y que exista, aunque sea una diferencia mínima, que rechazan el escenario que menos prefieren. Cuando estas tres condiciones se cumplen, el equilibrio “dominante en riesgo” del juego predice que uno de los dos actores se inclinará por la opción con más probabilidades de imponerse, mientras el otro, el levemente más tolerante al escenario adverso, se jugará por la alternativa menos favorecida.
Para ilustrar el funcionamiento del modelo y ofrecer criterios prácticos sobre cuándo es aplicable, los investigadores tomaron el caso de la Convención Constitucional chilena de 2021-2022. Los convencionales de derecha (agrupados en las listas de RN-Evópoli y de la UDI) quedaron reducidos a una minoría muy inferior al tercio necesario para bloquear el texto final, lo que los dejó prácticamente excluidos de la negociación sustantiva. Al mismo tiempo, la opinión pública se mantuvo persistentemente dividida e incierta sobre si la nueva Constitución sería aprobada o rechazada en el plebiscito de salida del 4 de septiembre de 2022: las encuestas de la consultora Cadem citadas en el estudio mostraron, durante meses, un empate técnico entre las opciones “Apruebo” y “Rechazo”, con porcentajes que oscilaron mayormente entre 40% y 53%.
“La derecha en la Convención cumplía casi a la perfección las condiciones de nuestro modelo: no era decisiva para el resultado, porque no alcanzaba ni siquiera el tercio necesario para vetar el texto, y existía una enorme incertidumbre pública sobre si la nueva Constitución finalmente sería aprobada o rechazada. Ese es exactamente el escenario en que nuestro modelo predice divergencia, incluso entre actores con posiciones ideológicas casi idénticas”, afirma Fábrega.
Para poner a prueba el modelo, los investigadores estimaron la ubicación política de cada convencional a partir de 4.503 votaciones registradas durante 2021 y 2022, junto con el contenido de 154 discursos inaugurales y 140 discursos de despedida pronunciados por los propios convencionales. El modelo utilizado, sin imponer ningún supuesto previo, identificó dos dimensiones relevantes: una primera dimensión que reproduce el clásico eje izquierda-derecha que ordena la política chilena y comparada, y una segunda dimensión, no anticipada por los autores, asociada a la legitimidad y el respaldo, o rechazo, hacia el propio proceso constituyente.
El hallazgo central del estudio es que, en la primera dimensión, la ideológica tradicional, los convencionales de derecha aparecen prácticamente superpuestos, ocupando un espacio casi idéntico en el extremo derecho del espectro. Pero en la segunda dimensión, la actitud hacia la legitimidad de la Convención, ambos grupos se separan de manera drástica y forman dos bloques nítidamente diferenciados: uno, más conciliador, integrado mayoritariamente por RN-Evópoli; y otro, mucho más confrontacional, formado por la UDI junto a dos convencionales de RN-Evópoli que terminaron sumándose a esa postura más dura.
“Lo llamativo es que la distancia entre ambos bloques en la dimensión que mide la legitimidad de la Convención resultó ser varias veces mayor que la distancia entre ellos en la dimensión ideológica tradicional. Es decir, se trataba de convencionales que pensaban prácticamente lo mismo en materia económica y de límites al Estado, pero que adoptaron posturas opuestas frente a la pregunta de si valía la pena participar y cooperar con el proceso constituyente”, concluye Fábrega.