En la misma semana —la pasada— en que el Gobierno logró el despacho de su emblemático proyecto denominado de “Reconstrucción” en el Congreso, se difundieron las críticas que el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, realizó al subsecretario del Interior, Máximo Pavez (UDI), agitando el ambiente dentro del oficialismo. En un chat de 200 personas, el senador habló de “gente inmoral en el Gobierno” y dijo que Pavez debía disculparse por la salida del exsubsecretario de Hacienda Juan Pablo Rodríguez, quien dejó el Ejecutivo por un test de drogas, sin que se esperase la contramuestra.
Rodrigo Arellano, vicedecano de la Facultad de Gobierno UDD, observa varios desafíos para el sector luego de aquel nuevo incidente.
—¿Cómo se explica este nuevo conflicto dentro del oficialismo?
—Yo tengo la sensación de que lo que estamos viendo es una transición desde una coalición electoral, que fue la que le dio el triunfo a José Antonio Kast, hacia una coalición de gobierno que todavía no se logra armar. Para ganar una elección necesitas agregar, sumar fuerzas. Pero para gobernar se requieren reglas de convivencia, sobre todo cuando hay distintos partidos. Cómo llegar a acuerdos, distribuir responsabilidades, sostener una narrativa común, por ejemplo. Y tengo la sensación de que no ha avanzado ese trance. El triunfo electoral oculta ciertas diferencias que el ejercicio del poder está haciendo reaparecer.
—Squella ya suma dos grandes críticas: al subsecretario Pavez y antes a Alejandro Irarrázaval, del Segundo Piso. ¿Cuánto pesa ser timonel del partido del Presidente? Carlos Larraín y Mario Desbordes, de RN, tuvieron un rol cuestionador de los gobiernos de Sebastián Piñera. Y está el caso extremo de Carlos Altamirano y Salvador Allende…
—Republicanos enfrenta un dilema que es ser partido presidencial. Por una parte, deben acompañar al gobierno del Presidente José Antonio Kast, que fundó ese partido. Pero también tratar de conservar identidad y una capacidad de proyectarse más allá de este mandato. Entonces, si se distancia demasiado, parece que genera oposición a su propio gobierno y se debilita en ese electorado. Pero si se identifica completamente, particularmente con los errores, absorbe los costos y desgastes. Es un dilema que enfrenta y que da la sensación de que todavía está en búsqueda de esa respuesta.
—¿Debería corregirse el estilo mostrado hasta ahora?
—No, es un proceso de transición. Si el Gobierno espera proyectarse más allá de cuatro años y, de alguna forma, mejorar su gestión política, es indudable que estos roces deben ir desapareciendo paulatinamente. O sea, un desorden como el actual no va a asegurar la continuidad de un gobierno de ideas de centroderecha. Uno ve cierta dispersión en el oficialismo. Y la única persona que puede ponerlo en orden es quien vinculó a los actores, que protagonizó esta invitación a formar parte de una estructura de gobierno, que es el Presidente Kast. Y al parecer lo hizo, tuvo una conversación con el senador Squella justamente para cerrar rápidamente este conflicto generado por la salida del subsecretario Rodríguez.
