Hero Image

Noticias

El Mercurio | Mauricio Apablaza profundiza en cifras que muestran las zonas donde las muertes ya superan los nacimientos

Visto desde la ruta que conecta Chillán con la costa, Portezuelo se despliega en silencio. Viñedos que trepan por las laderas, bosques que oscurecen los senderos, casas con huertos donde todavía se cosecha a mano.

Eso sí, la quietud, aquí, esconde algo más que tranquilidad.

En esta comuna de la Región de Ñuble de unos 5.200 habitantes, cada año mueren más personas de las que nacen, un fenómeno denominado crecimiento natural negativo, que en su caso alcanza -7,0 por cada mil habitantes. Pero se puede describir desde una manera más simple: se está vaciando.

“En los sectores están quedando los adultos mayores, solitos, donde está mi casa ya es así”, cuenta Nelly Martínez (59 años), presidenta de la junta de vecinos Trancoyan, quien lleva toda su vida en Portezuelo y ha presenciado en primera fila el vaciamiento de su pueblo: “Viene ocurriendo desde hace años, cada día peor. La juventud se va a buscar una mejor vida. Se ve muy poca gente por acá, en los campos, en las plazas”.

Patricio Medina (44 años), presidente de la unión comunal de juntas vecinales de Portezuelo, conoce la comuna desde adentro: se fue a vivir a Machalí con su familia, pero volvió con la esperanza de rehacer su vida en la tierra donde creció. La realidad lo recibió de forma abrupta. “Uno a veces viene un poco más esperanzado, pensando que va a tener trabajo. Pero cuando llega, se pone difícil. La economía no da”, dice.

Los jóvenes estudian, sacan su profesión y terminan yéndose a Chillán, a Santiago, a donde vean una oportunidad. Algunos vuelven décadas después, cuando ya jubilaron. Pero, para entonces, ya formaron familia en otro lugar, y los que regresan son personas solas, envejecidas, a ocupar las casas que dejaron sus padres.

(…) “Jóvenes rurales emigran hacia ciudades buscando educación superior, empleos calificados y oportunidades inexistentes en sus territorios de origen. Permanecen adultos mayores con limitaciones de movilidad, personas sin acceso a crédito para migrar, o aquellos vinculados a actividades que no pueden abandonar”, explica Mauricio Apablaza, investigador del Centro de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores de la U. del Desarrollo-Los Héroes.

Leer reportaje completo en El Mercurio.