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Investigación del CICS y DCCS desafía la creencia de que la rabia nos hace tomar peores decisiones

Un estudio desarrollado en conjunto entre Denise Laroze (CICS UDD) y Eduardo Galaz (estudiante del Doctorado en Ciencias de la Complejidad Social UDD), en colaboración con Francesco Bogliacino (Università Cattolica del Sacro Cuore) comparó distintos métodos para provocar enojo en el laboratorio y de manera online, y descubrió que, aunque todos funcionan para hacer sentir rabia a las personas, ninguno logra modificar decisiones relacionadas con el riesgo, la honestidad o los consejos que damos a otros.

Un nuevo estudio publicado en el Journal of Economic Behavior & Organization, una de las revistas de referencia en economía del comportamiento, pone en duda una idea muy extendida: que cuando estamos enojados tomamos decisiones distintas a cuando estamos tranquilos.

La investigación, titulada «Engines of outrage: Experimental manipulation and behavioral effects», fue desarrollada por Denise Laroze, investigadora del Centro de Investigación en Complejidad Social (CICS); Eduardo Galaz, estudiante del Doctorado en Ciencias de la Complejidad Social (DCCS) de Gobierno UDD; y Francesco Bogliacino, académico de la Università Cattolica del Sacro Cuore, en Milán, Italia.

Para generar enojo en los participantes, el equipo probó dos tipos de métodos. Los primeros, más tradicionales, consistieron en ver videos con contenido emocionalmente intenso y en recordar por escrito una experiencia personal que los hubiera hecho sentir enojo. Los segundos, más novedosos, consistieron en jugar una versión de Tetris que fallaba a propósito y en enfrentar una pérdida económica inesperada dentro del mismo experimento.

De esta manera, el estudio se realizó en dos etapas: primero en un laboratorio presencial y luego en una versión online, lo que permitió probar si estas técnicas funcionan igual de bien fuera de un entorno controlado.

Una vez generado el enojo, los investigadores midieron si este cambiaba el comportamiento de las personas en tres áreas: la disposición a tomar riesgos, la tendencia a hacer trampa, y la entrega de recomendaciones sesgadas a otra persona, incluso cuando existía un conflicto de interés de por medio.

Los resultados muestran que todos los métodos lograron que los participantes reportaran sentirse más enojados, y que los métodos tradicionales (el video y el recuerdo personal) generaron una rabia más intensa que las técnicas novedosas. Sin embargo, ese enojo no alteró las decisiones de los participantes en ninguno de los tres ámbitos evaluados: ni tomaron más o menos riesgos, ni mintieron más, ni dieron peores consejos.

«El proyecto es especialmente interesante como resultado del proceso doctoral, porque nace de un curso de métodos experimentales y luego va tomando forma durante el resto del doctorado, sumando colaboraciones internacionales y el apoyo de los laboratorios PoliCICS y LABCAH del CICS», comentó Denise Laroze.

Para los investigadores, este hallazgo aporta un matiz importante a la literatura sobre emociones y toma de decisiones: sentir una emoción intensa no basta, por sí sola, para que esa emoción «contamine» decisiones en ámbitos distintos al que la provocó.

Accede al artículo completo, con el detalle metodológico y los resultados estadísticos, en el sitio del Journal of Economic Behavior & Organization.