Siempre se había dicho que el Partido Republicano era monolítico. Una colectividad donde las diferencias se resolvían puertas adentro. Por eso la declaración causó revuelo en sus filas.
“La Dipres tiene el deber de evaluar técnicamente. Pero para la coordinación entre ministerios está el Segundo Piso y ahí tenemos un problema. Esperamos que a partir de este episodio se prevean estas situaciones y se paren a tiempo”, dijo el presidente del Partido Republicano, Arturo Squella, el 28 de abril pasado.
El tono de la crítica pública —a propósito del oficio de la Dipres en que se señalaba que se descontinuarían múltiples programas estatales— sorprendió y provocó múltiples comentarios internos en el partido fundado por el Presidente José Antonio Kast.
¿Se estaba ante la primera pugna de poder real del Partido Republicano?
La interrogante ha rondado durante varias semanas. Y se acrecentó en la medida en que varios parlamentarios —sobre todo diputados— comenzaron a tomar posición o por el líder de la tienda o por el jefe del Segundo Piso, Alejandro Irarrázaval. Tras dos meses de gobierno, ¿aparecieron lotes en el partido?
(…) Para el director del Centro de Políticas Públicas de la UDD, Gonzalo Müller, “es una pelea de lotes, que ocurre en todos los partidos, aunque no tan temprano. Las críticas de Squella marcan una diferencia interna en la manera de formar un gobierno. Se ve que hay una herida abierta en el liderazgo original, que ahora da un paso al costado”.
Müller agrega que estos episodios “muestran que la experiencia de ser gobierno genera tensión, disputas por el poder (…), y es una disputa abierta, que seguramente tendrá nuevas expresiones, porque si el presidente del partido principal puede ser abiertamente crítico, ¿qué queda para el resto?”.
