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Editorial N° 31

Este año inició con un conflicto geopolítico entre Estados Unidos e Irán que proyectaba una escalada en las tensiones del Medio Oriente y las relaciones entre la potencia norteamericana y sus aliados, situación que marcaría la pauta para los siguientes meses. Sin embargo, sucedió en enero algo sin precedentes. La expansión de un virus a una velocidad impensada forzó a un cierre planetario con consecuencias todavía no determinadas y que prescribirán posiblemente la siguiente década.

Frente a un nivel de incertidumbre pocas veces vistas en la historia, los países han tomado diversos caminos para la contención del virus y una recuperación económica pronta. Los resultados de estos esfuerzos han sido diversos alrededor del globo, siendo los países asiáticos los líderes en casi todo indicador. A pesar de estos esperanzadores  avances en la lucha contra el virus todavía quedan innumerables incógnitas, especialmente si se podrá controlar en el mediano o corto plazo.

Es por lo anterior que es importante recordar la importancia de la cooperación. No solo entre los ciudadanos, sino también entre las naciones, ya que los esfuerzos multilaterales son esenciales para taclear al primer desafío realmente mundial. Reforzar las instituciones multilaterales, como por ejemplo la ONU con sus 75 años, nos permitirá coordinar las acciones y crear sinergias que serían imposibles desde la pura soberanía individual. Quizás es el momento de tomar en serio la cita de Hammarskjöld: “La ONU fue creada no para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno”, de modo que quizás la cooperación no nos llevará a una utopía, pero nos salvará de la peor cara de la humanidad.

Francisco Parada

Investigador Centro de Estudios de Relaciones Internacionales (CERI),UDD.