Expertas creen que cambios desde el mundo político son claves para resolver el conflicto - El Sur de Concepción

Lesley Briceño y Violeta Montero apuestan a que las acciones de violencia van a ir disminuyendo, pero la
expresión en las calles no va a desaparecer.

Ambas validaron las asambleas y cabildos, pero dijeron que es necesario que el mundo político institucional recoja
esas opiniones y las transforme en cambios concretos.

LESLEY BRICEÑO, ANALISTA UDD

“La protesta debe transformarse en una propuesta concreta”

-Se van a cumplir dos semanas desde que se inició este movimiento social. ¿En qué fase estamos?-

Vemos que de a poco se ha ido estructurando y condensando como movimiento social a partir de la canalización de las demandas de los distintos grupos y organizaciones involucradas. Se han ido formando asambleas, cabildos y esto da cuenta que el peak del movimiento social, en cuanto a marchas, se dio entre el jueves y viernes de la semana pasada. Ahora ha ido decantando la participación. La gente sigue movilizada, pero en instancias de reflexión y conversación.

-La dinámica en estas dos semanas ha sido de marchas masivas y luego destrozos y saqueos. ¿Esto es sostenible en el tiempo?-

No son sostenibles en el tiempo las marchas masivas y destrozos y saqueos. Los movimientos sociales siempre tienen algún tipo de violencia, que puede ser que nosotros ya hemos naturalizado, como el cacerolazo o tomarse la calle durante las marchas, que para algunas personas podrían ser consideradas violentas. Pero,en esta violencia asociada a la propiedad privada por parte de algunos grupos hay un foco importante que el Estado no ha logrado eliminar, principalmente porque le falta volver a recuperar la gobernabilidad. Si se puede mantener en el tiempo va a depender de las acciones del Estado, de Carabineros principalmente y de las decisiones políticas que se tomen desde el Gobierno. El problema mayor y que hemos visto en Concepción, es que se ha afectado un punto determinado, que es el centro de la ciudad donde se concentra todo el comercio, pero si miramos alrededor está tranquilo. También hay algo que nos está diciendo ahí la señal de violencia.

-¿En qué podría decantar este movimiento?¿De qué depende?-

Hay dos cosas bien interesantes. Primero podríamos pensar que esto decantará en acciones políticas asociadas a aumento de la participación. Hay que entender que la participación ciudadana va más allá de la participación electoral, y que tiene que ver con el proceso de definición de políticas púbicas y en este momento, en esta movilización de estas semanas, estamos en un punto de inflexión importante, lo que puede significar que la ciudadanía se involucre mucho más en política, no en partidos, sino en organizaciones ciudadanas para solicitar respuestas a los parlamentarios, las municipalidades, y eso se puede traducir de forma muy directa en participación electoral. Pero, también puede traer un efecto contrario, que va a depender de cómo el Estado entregue respuestas y qué nivel de legitimidad tengan en la ciudadanía. Ahí nos podemos encontrar con una sociedad mucho más apática, individualista, que deje esta idea del colectivo y lamentablemente también puede traer una sociedad que no solamente vele por sus propios intereses, sino que tenga una lógica mucho más nihilista en su relación con los demás.

—¿Cómo se pueden traspasar las demandas ciudadanas a acciones concretas por parte del Estado? ¿Los cabildos se están realizando, tanto los de organizaciones sociales como de los municipios o la intendencia sirven? –

La protesta se tiene que transformar en una propuesta concreta. Estos días hemos visto consignas de no más AFP, mejorar la salud, la educación, por eso es súper importante lo que se está haciendo en algunas organizaciones. El Estado tiene los cabildos, que pueden generar instancias de discusión con los vecinos. La institucionalidad está armada y hay que comenzar a utilizarla. Durante el gobierno de Bachelet se aplicó una metodología para levantar información en torno a propuestas para una nueva constitución, entonces está una metodología que se puede recuperar o aplicar a este tipo de fenómenos. Va a servir lo que están haciendo las municipalidades y la intendencia, pero esto tiene que ir de la mano del diálogo entre el Estado, los partidos políticos y representantes de la sociedad civil.

VIOLETA MONTERO, CIENTISTA POLÍTICA UDEC

“Es el momento de canalizar las demandas al sistema político”

-Se van a cumplir dos semanas desde que se inició este movimiento social. ¿En qué fase estamos?-

Mi impresión es que vamos a seguir viendo protestas y manifestaciones en las calles, pues nuevos actores con nuevos intereses empiezan a articularse y a generar sus propias demandas. Creo que no vamos a ver disminuidas a cero las protestas y la conflictividad social.

Me parece que el momento es de canalizar esas demandas al sistema político institucional. Los actores deben estar a la altura de las circunstancias, que es recoger y procesar estas demandas con el fin de buscar soluciones que permitan conversar, enfrentar cada una delas temáticas que aquí se han planteado porque lo que se está hablando es una revisión del sistema político y económico que ha imperado en Chile en los últimos años.

-La dinámica en estas dos semanas ha sido de marchas masivas y luego destrozos y saqueos. ¿Esto es sostenible en el tiempo?-

No es sostenible tener un nivel de conflictividad como el que ya hemos visto.

El conflicto en las calles creo que va a estar concentrado en los grupos más politizados, pero la ciudadanía común está muy atenta a las respuestas y acciones que los actores políticos institucionales tomen, porque luego lo que tiene que haber es la gestión de estas demandas de la manera más representativa e inclusiva posible.

-¿En qué podría decantar este movimiento?¿De qué depende?-

Tengo la confianza en que este conflicto desencadene en cosas positivas para Chile. Se han logrado instalar con mucha claridad las temáticas de la desigualdad, la necesidad de revisar el orden político institucional, el sistema de reparto, la corrupción como elemento que ya no se soporta, como la colusión de intereses y grupos económicos.

Tengo la confianza que estos temas van a hacer de Chile un mejor lugar, siempre que tengamos la posibilidad, la generosidad y la apertura de hacerlos actos políticos simbólicos y concretos necesarios.

-¿Cómo se pueden traspasar las demandas ciudadanas a acciones concretas por parte del Estado? Los cabildos que se están realizando, tanto los de organizaciones sociales como de los municipios o la intendencia sirven? —

Dentro de las transformaciones que deben hacerse urgentemente dentro del sistema político institucional hay aspectos que pudieran parecer simbólicos, pero que son fundamentales para calmar los ánimos y dar una señal del interés y la relevancia que los actores políticos han tomado de este tema, como la rebaja de la dieta parlamentaria o las afirmaciones respecto a la voluntad de llevar a cabo un proceso de asamblea constituyente en el cual se discutan las bases políticas de este país. Esos elementos van a ser claves para que el conflicto desatado en las calles pueda aminorarse, pero en ningún caso significa que van a eliminar la conflictividad, porque la ciudadanía está hoy más interesada y atenta a las señales que los actores políticos van estableciendo. Procesos de diálogo ciudadano en modo de cabildo y asambleas me parece que son muy positivos, porque permiten que la ciudadanía reflexione en torno a las temáticas que hace un tiempo pensábamos le eran ajenas, pero además son un proceso democrático que promueve la deliberación. El desafío es que sepamos metodológicamente y procedimentalmente llevar diálogos que aseguren que las demandas que allí se exponen son debidamente registradas,priorizadas y luego traspasadas a los actores políticos institucionales. Si eso no ocurre podría generarse frustración dela ciudadanía, porque lo que ellos conversan y exponen como demanda no son debidamente recogidas por el sistema político institucional. Ese es un tema delicado al que debemos atender con mucho interés, pues la sostenibilidad política democrática depende de esa voluntad, que ese proceso sea lo más participativo posible y que permita interpelar adecuadamente a los actores político institucionales.

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