De “tiempos mejores” a “tiempos difíciles”: Cómo la calle le cambió el programa a Piñera - La Tercera

En estos días se sabrá si el “perdón” que pidió el Presidente y sus anuncios aplacan o no las masivas protestas. Hasta ahora eso se ve incierto. Mientras, las medidas que puso sobre la mesa hicieron a un lado su programa de gobierno: una de las primeras bajas sería la reforma tributaria, cuya reintegración ya estaba cuesta arriba. Por el contrario, Palacio no quiere bajar las armas en su lucha contra las 40 horas. ¿Cuánto cedió?

Cuatro días después de que estallara una crisis social en el país -cuando realizó la criticada visita a Romaria en Vitacura-, anoche el Presidente Sebastián Piñera salió a pedir perdón. Pedir perdón le cuesta y le costó.

Aunque el fin de semana abrió una ronda de conversaciones, hasta el lunes algunos de sus interlocutores lo notaban reacio a replegarse de su discurso que, hasta entonces, se había centrado en el orden público. Los anuncios de ayer fueron aplaudidos a coro por sus ministros, alcaldes y parlamentarios y cuestionados por parte del Frente Amplio y la oposición: es probable que el aumento en las pensiones, el subsidio al ingreso mínimo garantizado, el seguro catastrófico y los cotos a las tarifas eléctricas no pasen muchos aprietos en el Congreso. Para sus huestes, tenía pocas o casi ninguna opción a estas alturas. Pero también saben que está cediendo. Que parte de su programa de gobierno quedó atrás, que la prioridades son otras, y que esto marcará las futuras campañas electorales. ¿Pero cuánto?

Mientras en La Moneda se preparan para redactar los proyectos -difícil que los envíen esta semana al Parlamento, sino más bien la subsiguiente-, en Hacienda se aprestan a calcular las reasignaciones al Presupuesto 2020 y, en el fondo, a salvar la estantería de la administración Piñera. La Tercera PM consultó a tres voces cuánto territorio se vio obligado a entregar el Mandatario. ¿Es ceder? ¿Postergar? ¿Aceptar?

“El Presidente ha enfrentado la realidad, y es mucho más compleja. Más que ceder, diría que está tomando las medidas que se ajusten en todo lo posible al descontento. Es lo que tenía que hacer; uno podrá discutir si le gustan más o menos las medidas. Pero no tenía otra opción. No había espacio para seguir dilatando esto”, sentencia el abogado UDI y consejero de TVN, Gonzalo Cordero.

“Va a ser muy difícil que retome su agenda”, subraya Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo. Dice que “en materia previsional probablemente tenían pensado otra cosa” y que tampoco tenían en carpeta “el reajuste del salario mínimo al nivel que está planteado” y que “en ciertas materias, evidentemente que se aleja de las posibilidades de proyectos que tenías”.

Le baja un cuarto de cambio al diagnóstico Cristóbal Bellolio, abogado y doctor en filosofía política: “No es necesariamente abdicar de su programa de gobierno, no es un gran giro o una renuncia ideológica. Pero sí le hace un guiño a ciertos sectores de izquierda en la medida en que la orientación normativa parece ser redistributiva”.

En esa línea, desde La Moneda afirman que ello se observa en que -entre las medidas anunciadas ayer- se establecieron una serie de urgencias legislativas a proyectos propios ya enviados al Parlamento, como la creación de un Seguro Catastrófico de Salud, el derecho a Sala Cuna Universal, la reducción de las contribuciones de los adultos mayores más vulnerables y la creación de los dos servicios públicos que reemplazan al Sename.

Eso sí, Bellolio advierte que “el Presidente no acepta, no quiere aceptar, que su gobierno, como estaba originalmente estaba planificado, ya no es viable. Que el mandato que le entregaron los chilenos en diciembre 2017, de alguna manera ya no corre”.

No gusta, pero… el impuesto a los sueldos de $8 millones

En Palacio comentan que esta -junto a la existencia de un ingreso mínimo garantizado y la rebaja de la dieta parlamentaria- es una de las medidas en que el Mandatario cedió, pues en ninguna parte de su programa de gobierno original se establecía un alza de impuestos. Para algunos es la medida más audaz, y la única que no la costea el Estado. “No me gustan las alzas de impuestos, no creo que a largo plazo sean buenas para el bienestar de las personas. Pero, de nuevo, hay que hacerse cargo de la realidad, esas medidas son indispensables, y hay que financiarlas.No me gusta, pero no queda más. Asimismo, no me gusta ver militares controlando el orden público, pero sé que es necesario”, asume Cordero.

Guzmán cree que sí es ceder, y también no, porque “también dentro de gobiernos de derecha ha habido alzas de impuestos. Acuérdate para el terremoto. ¿Alguien habría pensado en el 2010 que el programa de Piñera iba a proponer una reforma tributaria para tener más recursos? No, pero el terremoto lo generó. Acá hay un terremoto de carácter social. Te cambiaron las condiciones”.

Bellolio cree que sí es replegarse y entregar terreno, que “en teoría, debería satisfacer más el paladar de personas con más sensibilidad de izquierda, pero es tan poco en comparación a la magnitud de las demandas de cambio de modelo, que si bien es cierto que alguien podría reconocer que hay una voluntad de ceder, quizás ese ceder es muy poco respecto a lo que se le pide que ceda”. También, dice, “Piñera disfraza lo de ayer como que no está cediendo, como que esto es compatible con lo que él originalmente había pensado, para que no parezca una derrota ideológica”.

¿Réquiem para la reforma tributaria?

Anoche no lo dijo. La oposición y sus críticos le echaron en cara que lo ignoró. Que cómo iba a insistir en uno de sus proyectos emblemáticos, justo cuando la reintegración parecía condenada al fracaso por falta de votos. Pero aunque el Presidente no tocó el tema, en su sector creen que la oferta que hizo terminará por sepultar a la tributaria, y que es cosa de tiempo para que eso se sincere.

“Podría ser interpretado así. O puede ser leído como que no se refirió al tema ayer porque no hay espacio político y por lo tanto se va a dejar de lado”, cree Guzmán. Dice que “una alternativa es porque está muerta, pero también puede querer salvarla al no mencionarla”. O bien, que “es una concesión que se hace a los partidos que están dialogando para no introducirles ningún ruido al proceso”.

“Pensé que estaba muerta y por eso me extrañó que ayer la nombrara. Lo podría haber hecho, no costaba mucho, todo el mundo ya sabe que está muerta”, asevera Bellolio. “El Presidente es un eterno jugador, en el buen sentido de la palabra: está permanentemente viendo dónde se gana, dónde se pierde. Dice, okay, esto puedo entregar, pero no más que esto“. Pero advierte que Piñera siente que con este bocadillo que le dio al monstruo, el monstruo se va a calmar un poco. No estoy seguro de que sea así”.

“No quisiera que el Presidente entregara la reintegración”, tercia Cordero, aunque insiste en que “estamos ante una realidad política completamente distinta. Pero lo urgente es que el país vuelva a la normalidad”.

41 horas vs 40 horas: A morir con las botas puestas

Acá, por ahora, Palacio no va a ceder. En medio de la crisis estaban distribuyendo minutas a sus parlamentarios. “En algún punto hay que ponderar los límites, ¿no? Está bien que trate de defender lo correcto, lo que le conviene al país. Es evitar alterar de mala manera la realidad”, sentencia Cordero.

“El problema es que el gobierno todavía cree que esta batalla la puede ganar sin entregar tanto. El gobierno mira su posición, mira al frente y dice apuesto a que mi adversario, en este caso el movimiento social, o el Frente Amplio, se va a ir desinflando con el tiempo, a que la gente se va a cansar“, aventura Bellolio. Por eso explica que “el gobierno todavía no acepta su posición de debilidad”.

Guzmán, como Cordero, no cree que acá deban bajar las armas. “Cuando yo entro en diálogo, ¿eso significa que entro a cederlo todo? Yo no diría que eso es diálogo. Tengo la impresión de que en este punto el gobierno no quiere ceder en el proyecto que ellos tienen, por eso están haciendo lo de las minutas”.

Pero hay más. Así como se asumen estas concesiones, también se asume que todo esto cambiará el mapa electoral y la tónica de las campañas. Cordero piensa que “estarán sobre la mesa el tema social y el tema del orden, hay gente que sale a tocar cacerolas, pero también gente que se organiza para defender sus barrios”.

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