Señor Director:
Cuando aparece la sospecha de un cáncer, para una familia comienza una espera que no se mide en estadísticas. Se mide en incertidumbre, angustia y preguntas que nadie puede responder todavía.
Hoy existe un tiempo que nuestro sistema de salud no siempre logra ver: una persona consulta en su Cesfam por un síntoma de alerta, su médico sospecha un cáncer y solicita exámenes o la deriva a un especialista. Desde ese momento comienza un recorrido para confirmar o descartar el diagnóstico. Para el paciente, el reloj ya está corriendo.
El problema es que ese tiempo puede quedar fragmentado entre consultas, derivaciones y exámenes. Equity Cancer-LA muestra que el tiempo desde el primer contacto con el sistema de salud hasta la confirmación del cáncer puede superar los tres meses en Chile. Para una persona, sin embargo, no son tres meses fragmentados: es una sola espera.
Necesitamos medir el viaje completo, fortalecer la capacidad diagnóstica de la atención primaria y articular oportunamente las capacidades públicas y privadas.
Porque el reloj del cáncer no empieza cuando aparece en una planilla. Empieza cuando aparece la sospecha, y mientras el sistema cuenta días, las personas cuentan incertidumbres.
PAULA DAZA
Directora ejecutiva CIPS-UDD
