Hace algunas semanas conversé con una mujer de una comuna que llevaba más de ocho semanas esperando hora con especialista. No pedía nada extraordinario: solo que la escucharan y poder decidir, con esa información, qué camino seguir. Esa conversación resume el problema de fondo.
Equidad en salud es que todas las personas puedan acceder oportunamente a una atención de calidad, sin que sus ingresos, su lugar de residencia o condición social determinen sus posibilidades de sanar. Para avanzar en esa dirección no basta con discutir modelos de financiamiento: lo esencial es cómo funciona el sistema para las personas.
La OMS plantea que un sistema centrado en las personas organiza la atención en torno a sus necesidades y preferencias, no solo a enfermedades o instituciones. Lo repetimos como eslogan, sin pensar qué significa realmente: escuchar la voz de los pacientes, dejarlos decidir informados, respetar sus preferencias y hacerlos parte activa de su cuidado.
Ahí entra también la libertad de elegir dónde y con quién atenderse. En CIPS, el 63% de los consultados prefiere alternativas entre prestadores públicos y privados. La equidad no debiera limitar opciones, sino ampliar oportunidades en tratamiento, en diagnóstico y en algo que solemos olvidar: la prevención.
Por Paula Daza Directora Ejecutiva de CIPS UDD
