Estudio elaborado por CIPEM UDD muestra que, pese al envejecimiento acelerado del país, los adultos mayores reportan menos maltrato que el resto de la población, aunque la edad y la condición de salud emergen como los principales factores de discriminación en este grupo.
Chile envejece a un ritmo acelerado. Según las proyecciones para 2026, las personas de 60 años o más suman cerca de 3,9 millones de habitantes, equivalentes al 19,8% de la población nacional. Y se estima que hacia 2050 representarán casi un tercio del país. En este contexto, el Centro de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores (CIPEM), iniciativa conjunta de la Facultad de Gobierno UDD y Caja Los Héroes, publicó el 15 de junio, Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, un informe que examina cómo es el trato que reciben las personas mayores en distintos espacios de la vida cotidiana.
Los resultados son, en términos generales, más favorables de lo que podría esperarse: un 77,4% de las personas mayores, equivalente a 2,8 millones de personas, declara no haber experimentado ninguna de las situaciones de trato negativo consideradas en el estudio. Esta cifra es considerablemente superior al 59,9% registrado en el resto de la población.
Al analizar los distintos tipos de trato negativo, el informe muestra que las personas mayores reportan menores niveles de experiencias adversas en todos los indicadores medidos. Un 16,2% señala haberse sentido tratado injustamente, frente al 28,9% del resto de la población. Un 14,6% declara haberse sentido ofendido, versus el 28,2% en otros grupos etarios. La sensación de ser mirado en menos alcanza al 12% de las personas mayores, menos de la mitad del 26,1% observado en el resto de la población. Y solo un 5,7% indica haber sido tratado violentamente, cifra inferior al 10,3% del resto.
«Estos datos nos permiten matizar ciertos estereotipos sobre el maltrato en la vejez. Las personas mayores, en términos comparativos, reportan menos experiencias de trato negativo que la población más joven. Eso no significa que el problema no exista, sino que tiene características y espacios propios que debemos abordar con precisión», señala Yamil Tala, investigador de CIPEM.
Entre quienes sí reportaron al menos una experiencia negativa, el lugar de trabajo aparece como el más mencionado, con un 59,7% de las personas mayores afectadas. Sin embargo, el informe advierte diferencias relevantes respecto al resto de la población en dos espacios que adquieren especial relevancia para este grupo etario: el interior del hogar (24,2% versus 19,0%) y los servicios de salud (22,3% versus 16,2%).
«Que el hogar y los servicios de salud concentren una proporción mayor de experiencias negativas entre las personas mayores es una señal de alerta importante. Son los espacios donde este grupo pasa más tiempo y donde se generan vínculos de mayor dependencia, lo que los hace también más vulnerables a situaciones de maltrato que muchas veces no son visibilizadas», agrega Tala.
Quizás uno de los hallazgos más significativos del informe es la razón que las propias personas mayores atribuyen al trato negativo que han recibido. Un 45,9% lo asocia a su edad, más del doble del 19,8% registrado en el resto de la población, mientras que un 26,5% lo vincula a su condición de salud, proporción también superior al 15,2% observado en otros grupos.
La discriminación basada en la edad, conocida como etarismo, emerge de esta manera como el principal factor diferenciador. A diferencia del resto de la población, que tiende a atribuir el trato negativo con mayor frecuencia al sexo, la clase social o la apariencia física, las personas mayores identifican en su propia edad y su estado de salud las razones dominantes detrás de estas experiencias.