Según el Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el 2035 será el año en que Chile alcanzará el máximo de población posible, con 20.643.490 habitantes. A partir del 2036, esa cantidad descenderá gradualmente hasta llegar a un número que para muchos equivale a una derrota en un país que siempre soñó con ser interminable: 16.972.558 habitantes para el 2070. Habrá nacido menos gente y la que quede será mayor.
¿Qué tan malo es convertirse en una nación pequeña y envejecida? Mauricio Apablaza, director académico del Programa de Conocimiento e Investigación en Personas Mayores (CIPEM), de la Universidad del Desarrollo – Los Héroes, responde:
«El cambio demográfico no es bueno ni malo en sí mismo; depende del tipo y de las acciones asociadas a los desafíos de ese cambio. El primero de estos retos es la caída en la población en edad de trabajar, que presiona al sistema productivo y a los servicios públicos asociados, principalmente, a la salud y las pensiones. De manera paralela, se anticipa una reducción en la demanda de servicios vinculados a la primera infancia y a la educación», explica el doctor en Economía de University of Nottingham.
El segundo desafío, menciona Apablaza, es la velocidad a la que se produce el cambio demográfico. No es una novedad que los países enfrenten procesos de envejecimiento acelerado, agrega, pero lo anterior ocurre generalmente en zonas con ingresos más altos que en Chile.
«Esta transformación demográfica representa también una oportunidad. La expansión del grupo de personas mayores puede impulsar el crecimiento de nuevas industrias asociadas a la llamada economía plateada, como los servicios de cuidado profesionalizado, la formación continua y el turismo adaptado. Este grupo más longevo, activo y diverso que generaciones anteriores puede seguir contribuyendo significativamente a la sociedad si se promueven políticas que reconozcan su valor social y productivo», destaca.
¿Qué se puede hacer para revertir la disminución poblacional? Apablaza es enfático: se necesitan cuatro tipos de políticas integradas. La primera, asegura, tiene que ver con el fomento de la natalidad, enfocado especialmente en quienes tienen familia o desean tenerla, en vista de los limitados resultados que ofrecen los beneficios puramente monetarios.
«Otro tipo de medidas que han sido relevantes están asociadas a la conciliación entre trabajo y familia, y a la migración estratégica en búsqueda de talento calificado para cubrir puestos en mercados específicos», explica el académico, quien agrega que la tercera arista consiste en realizar cambios estructurales para aumentar la producción mediante capacitación y a la incorporación real de las mujeres al trabajo. El cuarto tipo de política pública, menciona, está enfocado en preparar a la sociedad para el envejecimiento.
