Sistema Electoral al Banquillo: Aunque aumentó la competencia se mantuvieron o agudizaron otros déficits del binominal - El Mercurio

Quizás el mayor compromiso del que se habló cuando, en 2014, se debatía sobre el nuevo sistema electoral que reemplazaría al binominal es que cada diputado o senador representaría a una cantidad similar de habitantes.Varios expertos coinciden en que en ese aspecto, efectivamente se mejoró.

“Había distritos con muy poca población que elegían dos representantes y distritos con mucha población que también elegían dos representantes.

Se corrigió gran parte de la sobrerrepresentación y la subrepresentación de los distritos”, advierte Mauricio Morales, director del Centro de Análisis Político de la Universidad de Talca.El mejoramiento, sin embargo, no fue completo.

Sobre todo si se compara la cantidad de congresistas de las regiones, especialmente las extremas, y la de los lugares más poblados del país.

“Se podría haber avanzado mucho más en esta dimensión; por ejemplo, haber aumentado más los escaños disponibles para la Región Metropolitana”, plantea Ricardo González, coordinador del Programa de Opinión Pública del CEP.

Y Eugenio Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la UDD, hace notar que hoy para ser diputado por Aysén se necesitan muchos menos votos que para serlo en Santiago; es decir, los electores ayseninos pesan más que los capitalinos.Un caso particularmente discutido es el de Atacama, que -con un padrón de casi la mitad- elige los mismos diputados que Antofagasta.

De hecho, durante el debate legislativo se afirmó que esa había sido una exigencia del Partido Comunista, que supuestamente tenía particular fuerza en la zona (sin ir más lejos, su secretario general, Lautaro Carmona, postuló, sin éxito, al Senado por la misma región).Paradójicamente, considerando que el nuevo sistema se denomina “proporcional”, pues aspira a que la representación política sea proporcional al número de votos obtenidos, falló justamente en ese punto.

Ello fue especialmente claro en el caso de Chile Vamos, que con el 38% de los votos obtuvo un 47% de los escaños, recibiendo un “premio” superior al que solía recibir en el sistema binominal; en el caso del Senado, con una cantidad similar de sufragios, logró más de la mitad de los cupos en competencia.El fenómeno se vincula con las lógicas de los sistemas electorales, que tienden a beneficiar a la primera fuerza política, pero también tiene que ver con el modo particular en que se dio esta elección, donde la Nueva Mayoría fue dividida en dos listas, lo que la hizo perder un número relevante de cupos.

De hecho, calcula, si la NM hubiera competido unida, habría logrado 64 escaños, ocho más de los que obtuvo, y la centroderecha 68, cinco menos.Sin embargo, para Morales esto “no es responsabilidad del sistema, sino de la Nueva Mayoría, que fue dividida en dos listas y perjudicó sus opciones”.

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