Columna de Eugenio Guzmán: "Expectativas y exitismo" - La Tercera

Sin lugar a dudas tanto las encuestas como el ánimo general muestran que las expectativas de triunfo para Piñera son claras. De hecho, si hasta hace cuatro meses alrededor de un 45% de las personas pensaba que Piñera sería el próximo presidente, actualmente más de un 70% lo cree, lo que simplemente no hace otra cosa que reflejar que, incluso quienes tienen preferencia por otros candidatos, también lo piensan. Más aún, ya desde septiembre las estimaciones de resultados de segunda vuelta muestran a Piñera con un 50% de la votación (Encuesta UDD-septiembre).

Ahora bien, ¿es posible sostener con estos antecedentes que Piñera pueda ganar en primera vuelta? La verdad es que no en sentido estricto. Ciertamente, se pueden realizar cálculos ad hoc, tales como suponer que los que se declaran indecisos en primera vuelta no votarán y, en consecuencia, por simple aritmética Piñera podría superar el 50%. Lo mismo se puede hacer con el voto probable, restando los “indecisos” que aún quedan.

No obstante, el problema radica precisamente en que no sabemos cuál es el porcentaje de personas que van a votar incluso dentro de los votantes probables. Solo a modo de ejemplo, en los estudios realizados por Pew Research Center muestran que en algunas elecciones quienes manifiestan tener poco interés en una elección, de lo que se sigue que no votarían, posteriormente una fracción cercana al 55% termina haciéndolo. Asimismo, entre los que tienen alta probabilidad de votar también hay una fracción, aunque muy baja, de no hacerlo, lo que sí tiene una influencia en el resultado final.

Esto no significa que los cálculos de voto probable no sean una buena herramienta para evaluar tendencias; sin embargo, lo son para eso, pero no predictores exactos.

Por otra parte, no hay que olvidar que el electorado indeciso es sensible a las decisiones y expectativas que se den en el trascurso de la campaña y de hecho, estimaciones en Estados Unidos muestran que hasta un 5% cambia su decisión de voto la última semana antes de la elección.

Lo anterior, entonces, sugiere que la interpretación de los resultados hasta ahora debe mirarse con más cautela. Y para eso, qué mejor ejemplo lo sucedido con la campaña para clasificar al Mundial. El exitismo como todo exceso induce no solo a cometer errores, sino que a pasar por alto o dejar de tomar decisiones que de suyo son necesarias o deben anticiparse. Nunca en una elección se emplea una estrategia; a veces se es defensivo y otras ofensivo.

Pero, tal vez, lo más importante cuando se va a la cabeza, como es el caso de Piñera, es tanto mirar hacia atrás, para saber cuán cerca se encuentran nuestros competidores, como también adelante, observando los obstáculos. Esto no cabe duda de que Piñera lo sabe, para quien ganar en primera vuelta es un objetivo altamente valioso, pero también es muy importante la manera cómo alcance tal objetivo, o dicho de otro modo, la distancia que establezca con el candidato que le siga.

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