Brasil en la mira por Jorge Sanz

La corrupción es un mal que cuando penetra en una sociedad es muy difícil de erradicar y ella entra cuando las personas pierden la vergüenza, las sociedades actúan fuera de la moral y los instrumentos del Estado se flexibilizan a tal rango que pasan a ser porosos o indolentes.

Pareciera que eso es lo que nos está pasando en Latinoamérica. Todos aquellos gobiernos autodenominados progresistas o socialistas del siglo XXI, se encuentran atrapados en las redes de la corrupción y manejando un discurso relativista y permanente, en que el denominador común es la culpa del otro, entiéndase la oposición, el imperio, los antipatriotas, los capitalistas, la oligarquía, etc. y con ello es poco lo que se soluciona. La justicia en muchos casos no actúa, actúa selectivamente o es obstaculizada en su actuar como en el caso de Brasil, en que el ex Presidente Lula, del partido de los trabajadores, se encuentra atrapado en problemas de corrupción y su sucesora y “delfín” lo ha blindado ante la justicia al ofrecerle un cargo de Ministro de Estado, lo que aparece como una burla, una vergüenza y una falta de entereza del ex Presidente.

Lo anterior, que es sólo una descripción de lo que sucede, se agrava cuando estos mismos líderes han desarrollado un discurso moral, mesiánico, desde lo alto del Olimpo, autocomplaciente y agresivo, sin un atisbo de asumir su responsabilidad y destruyendo gravemente la confianza en la política por un enriquecimiento compulsivo e inmoral.

Brasil es el ejemplo: millones de personas en la calle pidiendo justicia y la Presidenta actúa en contra de esa solicitud popular blindando al principal acusado, el otrora líder de los trabajadores. Definitivamente, la ambición ha roto las condiciones básicas del contrato social y los responsables no se han dado cuenta; hay que avisarles.

Carta publicada en La Estrella de Iquique 19/03/2016

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