Santiago es Chile por Eugenio Guzmán

En este contexto, decir que “Santiago es Chile” aparece como una realidad. Toda la creación y recreación de realidades como asimismo de la atención pública tiene su origen aquí en Santiago. Penta, Soquimich, Caval, etc. tienen realidad en la medida en que ocurren en Santiago. Ciertamente su importancia deriva de que los son temas de “alta” política, de interés nacional, responden a la lógica de la república; sin embargo, la política se construye también como micropolítica.

Resulta insólito constatar cómo a tres semanas de ocurrido el aluvión y temporal del norte esto no ha adquirido relevancia en la agenda pública.

Lo ocurrido en la III Región tiene una magnitud que todavía no advertimos. Por lo pronto, se trata de uno de los fenómenos de este tipo (aluviones y temporales) que más fallecidos arrojan en los últimos 20 años (hasta ahora 26) y, por lejos, el que más desaparecidos muestra (entre 110 y 126). Según cifras oficiales, los damnificados superan los 28.000. Sólo para tener un orden de lo que significa esto, pensemos en que el terremoto de 2010 en las regiones más afectadas (VII y VIII) dejó una tasa de mortalidad de 13 por 100.000 habitantes y el porcentaje estimado de damnificados llegó al 5,2%. En la región de Atacama las cifras hasta hora muestran una tasa de fallecidos que supera los 7,5 y los damnificados alcanza el 9,1% de la población de la región.

Pero eso no es todo, comunas como Diego de Almagro, Tierra Amarilla, Chañaral y Copiapó presentan graves daños en el alcantarillado, lo que trae consigo problemas ambientales y sanitarios significativos, en un contexto de déficit hospitalario producto de los efectos del aluvión. En materia de educación, 2 de cada 3 estudiantes se encuentran sin clases, y no se visualiza un plan de contingencia para su reubicación en el corto plazo.

En este contexto, decir que “Santiago es Chile” aparece como una realidad. Toda la creación y recreación de realidades como asimismo de la atención pública tiene su origen aquí en Santiago. Penta, Soquimich, Caval, etc. tienen realidad en la medida en que ocurren en Santiago. Ciertamente su importancia deriva de que los son temas de “alta” política, de interés nacional, responden a la lógica de la república; sin embargo, la política se construye también como micropolítica. En concreto, son los aspectos cotidianos los que finalmente tienen efectos políticos devastadores en temas como la confianza, de la cual nuestro país carece de manera crónica. A modo de ejemplo, el 2010 después del terremoto la desconfianza en las autoridades aumentó de manera significativa.

Uno de los peligros que enfrenta a este respecto el Gobierno es que tanto los instrumentos empleados como las fórmulas de comunicación no sean capaces de abordar la sensación de desamparo. Cuando las autoridades señalan que la situación está controlada o que los problemas de abastecimiento están resueltos, se corre el riesgo de conflicto con la percepción generalizada de los afectados. De esto se trata la micropolítica; es decir, de lo que sucede cotidianamente y que no necesariamente se refleja en las visiones mediadas de las cifras, ya que éstas no revelan las emociones detrás de ellas. No se trata de efectismo o sensacionalismo, sino que de una conexión con los problemas y la eficiencia de las soluciones.

Columna publicada en La Segunda 13/04/2015

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