Fin del sistema binominal por Eugenio Guzmán

El sistema electoral está lejos de ser la causa principal de la participación. En consecuencia, de no aumentar de manera significativa la participación en las próximas elecciones parlamentarias (2017) los reformadores tendrán que dar la primera explicación.

A estas alturas es claro que el sistema binominal será reemplazado por la fórmula de gobierno con las indicaciones que se le incorporen en los próximos días. Para la mayoría ésta será una oportunidad de celebrar ese ¡por fin lo cambiamos! No obstante, la celebración de un triunfo supone unos logros y las expectativas que se han generado en torno a éstos, y que posteriormente los celebrantes deberán explicar su no cumplimiento. ¿Cuáles son esas expectativas? En lo fundamental tres.

La primera tiene que ver con que eventualmente el sistema aumentará la participación electoral. Al respecto, sólo basta ver que el fenómeno de la participación electoral, o más precisamente la abstención, lo apreciamos en los más variados sistemas electorales. Ciertamente existe evidencia de que en los sistemas proporcionales ésta es menor; sin embargo, en los casos analizados se trata de fórmulas mucho más proporcionales que las propuestas y, en todo caso, las diferencias han disminuido como consecuencia de la baja generalizada.

Pero lo más importante es que el sistema electoral está lejos de ser la causa principal de la participación. En consecuencia, de no aumentar de manera significativa la participación en las próximas elecciones parlamentarias (2017) los reformadores tendrán que dar la primera explicación. La segunda expectativa tiene que ver con la suposición de que el nuevo sistema será más representativo, en el sentido de que permitiría que mayor numero de partidos puedan obtener representación.

La verdad es que el sistema de listas como lo que existe actualmente, también lo permite, de otro modo no tendrían representación (PC y PRSD) si su peso electoral es bajo. No obstante, esto no garantiza que cuando dichos partidos no de seen integrarse a esas listas puedan obtener representación; esto es posible sólo si los distritos son muy grandes o el sistema es muy fragmentado, lo que nunca es bueno para la gobernabilidad. A modo de ejemplo, si en un distrito se eligen 25 diputados, como en muchos sistemas proporcionales un partido con el 4% de los votos puede obtener representación.

En el proyecto, los distritos más grandes sólo tienen ocho; luego para tener certeza de obtener un escaño se necesitaría que dicho partido tuviese al menos un 11%, casi tres veces más. Así difícilmente -a menos que se incorpore a un pacto, como es actualmente- tendrá representación compitiendo por fuera. La tercera tiene que ver con la idea de que el cambio de sistema generará mayor recambio. La verdad es que no es para nada claro que esto pueda ocurrir.

Por lo pronto, tasas altas de reelección de autoridades ocurren bajo los más variados sistemas y, a menos que se quiera introducir límites a ella -lo que de suyo tiene otros problemas- no necesariamente cambiará. En resumen, de no cumplirse estas expectativas más participación, mayor representatividad y menos de lo mismo, los reformadores deberán explicar a los electores y no electores por qué esto no ocurrió. En definitiva, de tanto deslegitimar un sistema (el binominal) termina remos viendo el nacimiento de la legitimidad del nuevo.

Publicada en La Tercera el 16/01/2015

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