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Las nuevas obras no pueden esperar por Lucas Palacios

Cuando un país crece poco, las estrecheces presupuestarias llevan -a veces- a tomar decisiones equivocadas. Estas malas decisiones se ven profundizadas en períodos electorales, como es el caso del Chile actual.

Durante los últimos dos años, el Gobierno ha invertido cerca de US$ 2.600 millones en concesiones, y planea aumentar esa cifra a niveles de US$ 2.000 millones anuales durante los próximos años. Estos valores reflejan un buen esfuerzo, pero que se sustenta casi exclusivamente en proyectos antiguos y heredados. De lo nuevo, demasiado poco.

Las autoridades del Ministerio de Obras Públicas se han mostrado renuentes a desarrollar nuevos proyectos concesionados que sean innovadores. De hecho, han optado por acotar la cartera de proyectos, lo cual es lo mismo que decir pan para hoy y hambre para mañana. Las obras que hoy todos conocemos nacieron de una visión precursora, exigiendo innovación y mucho empuje. Si hoy no proyectamos y estudiamos las obras del futuro, seguiremos transitando por los caminos del pasado.

Hay proyectos que exigen una mirada más ambiciosa de Chile. Tal es el caso del desarrollo de vías longitudinales adicionales a la Ruta 5, como podría ser una autopista costera y otra que integre los pasos fronterizos hasta el extremo austral. O bien promover nuevos proyectos innovadores en logística para transporte de carga, trenes suburbanos, tranvías urbanos, plantas desaladoras en el norte, o teleféricos para transporte de pasajeros, por mencionar solo algunos.

De no cambiarse esta lógica conformista de las autoridades, en los próximos años solo veremos ampliaciones de contratos y relicitaciones de obras ya existentes. Es vital que estos proyectos avancen, pero no a costa de restar recursos y energía a otros proyectos de futuro. Aquí aplica el viejo refrán «quien no avanza, retrocede». El mejor caso son los hospitales concesionados, que se detuvieron para seguir haciendo lo mismo de antes: hoy están en nada y los pacientes atendidos en los recintos del pasado.

Carta publicada en El Mercurio 15/04/2016