Resultados evidencian que esta estrategia facilita el acceso al tamizaje en mujeres que hoy están fuera del sistema de salud, contribuyendo a reducir brechas de cobertura y fortalecer la prevención de uno de los cánceres más prevenibles.
Acercar el examen preventivo a mujeres que hoy no participan del sistema de detección fue el objetivo central del Proyecto FONIS “Programa de autotoma vaginal en domicilio para la detección precoz de cáncer cervicouterino en Chile”, del Centro de Políticas Públicas e Innovación en Salud de la Facultad de Gobierno de la UDD, iniciativa que evaluó el potencial de la autotoma vaginal como estrategia para ampliar la cobertura de tamizaje y detectar el virus del papiloma humano (VPH) en etapas tempranas.
El estudio se desarrolló en mujeres entre 25 y 64 años beneficiarias de FONASA, con especial foco en quienes no tenían vigente el examen de Papanicolaou. En colaboración con el CESFAM de María Pinto, de un universo de 4.024 mujeres, se identificó que 1.862 no contaban con un Pap al día, lo que evidencia las brechas que aún persisten en el acceso a la prevención.
A partir de este diagnóstico, el equipo de investigación implementó la estrategia de autotoma en distintos territorios y contextos sociales, logrando 893 muestras en total: 524 en la comuna de María Pinto, 298 en Huechuraba y 71 en el Centro Penitenciario Femenino de San Miguel, incorporando también a mujeres privadas de libertad, un grupo que habitualmente queda fuera de los programas preventivos.
“La autotoma vaginal permite acercar el examen a las mujeres, eliminando barreras de acceso y facilitando la detección precoz del virus del papiloma humano. Esto es clave porque el cáncer cervicouterino tiene un desarrollo lento y pasa por etapas precancerosas, lo que nos da una oportunidad real de intervenir a tiempo”, explica Paula Daza, directora ejecutiva de CIPS UDD e investigadora del proyecto.
Los resultados del estudio muestran que la autotoma vaginal es una estrategia factible, adaptable y bien aceptada, especialmente cuando se combina con acciones comunitarias y estrategias extramuro, como operativos de salud, uso de camiones ginecológicos y trabajo con actores locales.
“La evidencia muestra que la efectividad de esta estrategia no depende solo de la tecnología, sino también de la capacidad del sistema de salud para adaptarse a la realidad de las mujeres y acercar las herramientas de prevención a los territorios”, señala la Dra. Solana Terrazas, integrante del equipo de investigación.
El cáncer cervicouterino continúa siendo un desafío relevante para la salud pública en Chile y el mundo, pese a tratarse de una enfermedad altamente prevenible. A nivel global, cada año se diagnostican aproximadamente 600 mil casos nuevos y se registran alrededor de 340 mil muertes. Lo más preocupante es que cerca del 90% de estas muertes ocurre en países de ingresos bajos y medianos, lo que evidencia que el problema no se relaciona únicamente con avances médicos o tecnológicos, sino también con brechas de acceso, equidad y funcionamiento de los sistemas de salud.
En Chile, cada año se diagnostican entre 600 y 700 casos nuevos y cerca de 300 mujeres fallecen por esta enfermedad. Si bien el programa de tamizaje basado en el examen de Papanicolaou ha permitido avances importantes en prevención, actualmente enfrenta un desafío clave: la cobertura, que se mantiene alrededor del 58%, lejos del 80% recomendado.
Entre los principales aprendizajes del proyecto destaca la importancia de fortalecer la trazabilidad y el seguimiento posterior al tamizaje, con el fin de asegurar confirmación diagnóstica y acceso oportuno a tratamiento cuando se detectan lesiones.
“El tamizaje es la puerta de entrada para salvar vidas. Sin diagnóstico precoz no es posible iniciar tratamientos oportunos, por lo que ampliar la cobertura y mejorar el seguimiento de las pacientes es fundamental”, concluye Daza.