Señor director:
En Chile los infartos aumentaron 21% entre 2022 y 2025, según el último informe de CIPS-UDD con datos del DEIS. Mueren menos personas una vez que llegan al hospital, y eso hay que reconocerlo, pero es un logro de la urgencia médica, no de la prevención: seguimos sin bajar los infartos, solo su letalidad.
Además, no sabemos cómo quedan los sobrevivientes. No existe información sistemática sobre cuántos desarrollan insuficiencia cardíaca ni sobre cuántos mueren en el mes posterior al alta hospitalaria. Sin ese dato, la mejora en sobrevida inmediata es una buena noticia incompleta.
El envejecimiento explica parte del aumento —el 64% de los infartos ocurre en mayores de 60 años—, pero no todo. La causa de fondo es que somos un país con obesidad y diabetes mal controladas: solo un tercio de los hipertensos tiene su presión bajo control, y la cobertura efectiva en diabetes tampoco es la que debería ser.
El desafío no es seguir mejorando la urgencia. Es detectar y controlar a tiempo la obesidad, la diabetes y la hipertensión, antes de que el corazón deje de funcionar.
Por Paula Daza
Directora ejecutiva CIPS-UDD
Facultad de Gobierno
