“Está lleno de pavor masculino” - La Segunda

Los dos son sociólogos formados en la U. de Chile y reflexionaron sobre el movimiento estudiantil de 2011. En “No al lucro: de la crisis del modelo a la nueva era política”, Alberto Mayol planteó que esa movilización era preludio del “derrumbe del modelo”. Y en “Malestar en Chile: ¿teoría o diagnóstico?” Eugenio Guzmán mostró su escepticismo.

Hoy tienen una visión casi calcada sobre el movimiento de mujeres que se expresa en las calles y tomas universitarias. Convocados por La Segunda, Mayol, profesor de la Usach, y Guzmán, decano de la Facultad de Gobierno de la Udel Desarrollo, analizan el fenómeno.

—¿Puede hacerse un correlato con las movilizaciones de 2011?

—Mayol: Este es un movimiento cultural, no estrictamente social, donde a nivel global que ha instalado esta agenda. A nivel local hay un factor, que también fue decisivo en 2011, que es la crisis de la Iglesia a raíz del caso Karadima.
El movimiento probablemente más relevante en la disputa de largo plazo al poder de la Iglesia Católica es el feminista. Cuestiona uno de sus elementos fundacionales, el patriarcal. Con este contexto, más el factor Piñera, que es un acelerador de partículas, se dan las condiciones para que emerja una situación corrosiva para el orden cultural imperante.

—¿Cómo opera el “factor Piñera”?

—Piñera no pertenece a los modos estabilizadores de la derecha tradicional chilena. No cree en la estabilidad, esa es su virtud empresarial y su defecto político. Piñera cree en la termodinámica y le mete energía en una sociedad donde hay energía disponible en forma de malestar.

“Tenemos para rato”

—Las banderas del movimiento son transversales, no hay protagonismo de partidos, ni líderes visibles. ¿Es más manejable para el gobierno esta movilización que la de 2011?

—Guzmán: Son fenómenos generacionales, como todos los procesos de malestar de la cultura, y las instituciones no son capaces de dar una respuesta porque responden al modelo cultural imperante; no están preparadas para enfrentar un fenómeno que es contracultural.

—Los movimientos posmodernistas son más horizontales, ¿no será por eso que no hay liderazgos claros?

—Mayol: Cuando la movilización es más cultural la probabilidad de un liderazgo único es muy baja. La forma que adopte este movimiento dependerá de la disponibilidad de recursos de los movilizados y de las condiciones de oposición que haya. Hoy la crítica es genérica. Joaquín Lavín no es ministro de Educación y dueño de la UDD como ocurrió en 2011 (cuando la crítica se centró en él). Y como hoy ese sujeto de crítica está disponible, todo el sistema está lleno de pavor masculino; en cualquier momento el fenómeno se deposita en contra de alguien.

—El Gobierno intenta sintonizar con el movimiento.

La ministra Plá aseguró que “las demandas de las estudiantes forman parte de nuestra causa”.

—Guzmán: No puede decir otra cosa. ¿Quién podría estar en contra de los abusos contra las mujeres?

—¿Bastará para desactivar este movimiento crear protocolos y legislar?

—Mayol: Podría ocurrir que el movimiento tenga tal nivel de éxito que consiga rápidamente todas las demandas. Pero un movimiento exitoso genera más gente queriendo movilizarse en torno a la temática y un avance progresivo de la agenda.

Guzmán: Este movimiento es paradójicamente muy específico y poco concreto en términos de un programa. La principal amenaza es el desgaste en el tiempo. En algún momento hay que volver a clases y entre medio pueden pasar cosas que descompriman.

Mayol: La trampa mortal para este movimiento sería pretender compararse con el de 2011 porque son de naturaleza diferente: el de 2011 se relacionaba con políticas públicas, era concreto, politizado, con clara orientación de izquierda, versus un movimiento que puede golpear por izquierdas o por derechas. Las ideas y la orientación del movimiento feminista nace en la izquierda, asociado a los partidos socialistas.
Pero en el mundo han aparecido toda clase de feminismos, muchos desanclados de la teoría marxista. Y como es una disputa cultural —donde lo que era permitido ahora no lo es— puede hacer que entren nuevos actores a escena como imputados y no sabes dónde están.

Guzmán: Por eso es que tenemos para rato.

“No puede ir Giorgio Jackson a decir estoy con ustedes”

—Históricamente, el patriarcado también está arraigado en la cultura y las prácticas políticas de la izquierda.

—Guzmán: Gladys Marín, entrevistada para un libro de Clarisa Hardy, decía que “cuando los compañeros hacían reuniones después de las nueve de la noche yo no podía asistir porque tenía que irme a la casa”. Ella iba al corazón de una conducta. Hay un tema que no sé cómo se va a administrar: todos tenemos tendencias hegemónicas y en este movimiento hay muchos hombres atentos a cómo entrar.
Hay mujeres muy atentas a ello; por eso hay tomas feministas en que está prohibida la entrada de hombres.
Hay una tensión que se ha administrado razonablemente. Por eso no puede ir Giorgio Jackson a decir yo estoy con ustedes compañeras, porque “sabís que más, no vengai”.

—Mayol: De hecho, en las universidades hay grupos separados: las mujeres en la mesa central, pensando en su problemática, y los hombres en su jornada de reflexión en una mesa periférica.

—Donna Haraway (autora feminista) plantea superar el cuerpo con transformaciones biónicas, abandonando, por ejemplo, el útero para que al eliminar el sexo no exista la dominación del hombre sobre la mujer ¿Puede este movimiento divorciarse del feminismo, para atender a lo femenino?

—Guzmán: Tiene un punto, pero no estamos en este momento en un movimiento feminista puro y duro. En esta etapa hay un deseo de manifestar “no, es no”, “quiero no tener miedo”, “ponerme la ropa que quiero”. Es un sentir de la mujer.

—¿Está en condiciones el sistema político de procesar las demandas?

—Guzmán: Las instituciones están diseñadas de una forma en que tímidamente pueden dar una respuesta como “paridad”, pero esto es más complejo, aquí hay mucho de malestar.Mayol: Un elemento fundamental para estos movimientos culturales es empujar lo suficiente para obtener rendimientos y modificar el sentido común, pero sin transitar hasta el absurdo.

La capacidad de gestión de estos movimientos puede ser muy alta y, por tanto, la capacidad de gestión de los gobiernos, autoridades y universidades es muy baja y su única respuesta es darles todo lo antes posible. Eso puede redundar en una calma posterior o avanzar en más exigencias.

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