Currículum Sistémico para una Educación de Calidad por Luis Alberto Alvear

Este marzo 2017, para bien o para no, tiene acciones en el ámbito educacional de enorme repercusión. Por una parte, se ha puesto prioridad legislativa al proyecto de ley que pone término al proceso de gestión educacional por parte de los municipios; por otra, se dividirá el proyecto presentado para la Educación Superior y, además, el proceso de consulta sobre el nuevo currículum para 3° y 4° medio, tanto para la Modalidad Científico Humanista como Técnico Profesional.

Toda modificación curricular nos genera expectativas en el mejoramiento de los aprendizajes de todos los alumnos, considerando sus expectativas de vida y, como consecuencia de ello, en sus necesidades y expectativas educacionales pertinentes y significativas (lo que llamamos educación de calidad).

Entonces, las modificaciones curriculares, en primer lugar, deben consolidar la existencia de “un efectivo sistema curricular” que articula en forma secuencial y progresiva la formación de los alumnos en su tránsito por cada uno de los niveles y modalidades del sistema educativo para que adquieran las condiciones (competencias) indispensables para desenvolverse exitosamente en la vida familiar, social y profesional.

Una característica fundamental del sistema curricular señalado en el párrafo anterior, debe ser la flexibilidad de manera que los distintos centros educativos puedan entregar, a partir del marco curricular de carácter nacional, un currículo adaptado a los requerimientos de los alumnos que efectivamente atiende.

Por otra parte, el sistema curricular, así diseñado, debe ser autosuficiente y auto sustentable para lo cual, es indispensable e ineludible la pertinencia de la formación de los docentes y directivos con lo cual se propenderá a tener profesores idóneos y competentes para desempeñar la docencia con la máxima seguridad profesional que posibilite una formación efectiva en sus alumnos. Para ello, la dosificación del tiempo curricular, como la disponibilidad de materiales educativos complementarios resultarán indispensables, donde la jornada escolar completa debe ser un efectivo medio.

 Tal situación, debiera traer como consecuencia en el mediano plazo, que los resultados del aprendizaje de los alumnos mejoren y se expresen en los resultados que aporten mediciones como el SIMCE y la PSU, sin necesidad que los alumnos reciban en “forma sistemática y paralela” al sistema educativo, una formación adicional y complementaria a la recibida en las salas de clases. Sólo entonces podremos señalar que tenemos un sistema curricular efectivo en sus propósitos y objetivos de lograr una educación de calidad en todos sus alumnos.

Santiago de Chile, abril 2017

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