La Haya, más allá del derecho por Gonzalo Müller

Esta semana el protagonismo se centra sobre los alegatos en La Haya en la causa que Bolivia pretende iniciar contra Chile. Pero, para la mayoría de los chilenos las preguntas son otras: ¿Por qué estamos otra vez demandados en esta Corte Internacional?, ¿debe Chile continuar expuesto a futuras demandas limítrofes, que en la práctica se han vuelto la manera de revisar los tratados ya suscritos y vigentes?

Nuestras autoridades y expertos en relaciones internacionales afirman, con razón, sobre la solidez jurídica de la argumentación chilena, de cómo nos ampara el derecho internacional y que la posición boliviana es una pretensión débil y sin fundamentos reales. Pero ninguno de ellos se atreve a asegurar un resultado favorable, esto como lección aprendida de que La Haya no sólo falla en consideración estricta del derecho, sino que con frecuencia busca acercarse más a un concepto de justicia más subjetivo.

Es justamente aquello que no tiene que ver con el derecho lo que ha pesado en contra de nuestras pretensiones en esta Corte en el pasado, y puede que vuelva a jugarnos en contra. Durante nuestro litigio marítimo con Perú, escuchamos con cierta admiración y un poco de envidia cómo se describía a la cancillería del Perú y su profesionalismo, donde desde el largo plazo venía trabajando los conceptos jurídicos y los antecedentes de su causa, que además había socializado con éxito a nivel internacional. Todo esto, como un argumento más de por qué la Corte había acogido la demanda peruana en perjuicio de nuestro país, más allá del estricto derecho.

Ahora es Bolivia quien ha llevado su demanda por un acceso al mar de forma soberana, directo a la opinión pública internacional. Saltándose las formalidades de los foros, han decidido que tan importante como su presentación jurídica ante la Corte de La Haya es lograr predisponer favorablemente a la opinión pública, incluida la de Chile, que pudo ver en varios medios de comunicación masivo el despliegue de la posición boliviana y recibido la visita de sus autoridades como una manera de ejemplificar que la demanda interpuesta es parte de una causa fuerte y que incluso en nuestro país cuenta con apoyo, aunque sea muy minoritario.

Así nos encontramos otra vez en La Haya, escuchando a los expertos en derecho internacional y a nuestras autoridades repetir y repetir lo maciza de nuestra posición en lo jurídico y que si la Corte se basase sólo en el derecho, debiera acoger nuestra posición y declararse incompetente, sin entrar al fondo de la demanda boliviana. Pero ya está bueno que aprendamos la lección de que en La Haya juega tanto lo jurídico como argumentos de otra índole, y que si no aprendemos a desarrollar nuestra relaciones internacionales más allá de las instancias formales, seguiremos lamentando nuestra suerte.

Columna publicada en La Segunda 05/05/2015

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