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Análisis de cumplimiento de promesas: La política exterior del segundo gobierno Bachelet

Foto Artículo 3

En el área de relaciones exteriores, las mediciones son relativamente complejas, sobre todo por el hecho de que las promesas que se hacen rara vez son cuantificables, y por lo tanto medibles. El gobierno de Bachelet sin duda ha llevado a cabo algunas de las reformas prometidas en política exterior, como la «modernización» de la cancillería (comillas porque el proyecto aprobado, tal y como afirmó la ADICA a través de su presidenta, Marta Bonet, más que modernizar sólo maquilla la estructura del Ministerio de Relaciones Exteriores), el voto de los chilenos en el extranjero, o la actualización de la legislación migratoria. Sin embargo, otros objetivos como «reponer mecanismos de consulta y coordinación con el sector productivo» son más difíciles de evaluar, dado que dichos mecanismos nunca desaparecieron. No obstante lo anterior, si dividimos los compromisos del Programa de Gobierno, al igual que los compromisos adquiridos en las Cuentas Públicas, podemos analizar a través de distintas áreas los objetivos y los logros:

  1. Alianza del Pacífico: Con respecto a la Alianza del Pacífico, el gobierno de Bachelet tuvo una actitud cambiante durante los últimos 4 años. Durante el «primer tiempo» del gobierno, la Alianza del Pacífico no era prioridad, dado que el programa de relaciones exteriores buscaba priorizar la vinculación con el Mercosur a través de lo que llamaron el «Plan de Convergencia» (una supuesta convergencia entre la Alianza y el Mercosur). Dicho plan puede ser resumido a través del discurso pronunciado por la Mandataria en su Cuenta Pública del 2014: “La Alianza del Pacífico debe estar al servicio de la región y ser el puerto de entrada y salida hacia el Asia-Pacífico, para dar mayores oportunidades de crecimiento a nuestros hermanos del Mercosur y a todo el continente”. Estos anhelos de convergencia se presentaron como inviables relativamente pronto, y el gobierno buscó maquillar la convergencia a través de diálogos de alto nivel entre el Mercosur y la Alianza del Pacífico, los cuales a día de hoy están vigentes y se llevan a cabo en paralelo; podríamos considerarlos como mecanismos de generación de confianzas que tendrían un impacto limitado, y en el largo plazo. El objetivo real de convergencia (a través de la integración de ambos mecanismos) no es, a día de hoy, factible. Ante la inviabilidad de dicha convergencia -sumado a los cambios en política doméstica ocurridos tanto en Argentina como en Brasil- el gobierno de Bachelet optó por volver a potenciar la Alianza del Pacífico como un mecanismo de integración regional relevante motu propio, coincidiendo con el año durante el cual le tocó a Chile ser país anfitrión de este organismo. Por lo tanto, pese a que el gobierno intentó en un principio alejarse de la Alianza del Pacífico, optó por volver por la senda que había marcado el primer gobierno de Piñera con respecto al progreso de Chile en la integración regional. En este primer punto, el gobierno no cumplió con lo prometido.
  1. TPP: El gobierno de Bachelet se presentó como un gobierno a lo menos, suspicaz de los objetivos que perseguía el TPP (aunque algunos analistas podrían haberlo considerado incluso un gobierno hostil al TPP). Las negociaciones a cuarto cerrado y las filtraciones que aparecieron del acuerdo lo presentaban ante la opinión pública como un acuerdo contrario a los intereses de la ciudadanía, que venía a ser una forma de neo-imperialismo en su evaluación más extrema. Ante esta situación, el gobierno de Bachelet no fue entusiasta del TPP, y aseguró que continuaría en el proceso siempre y cuando este no se realizase de espaldas a la ciudadanía, y respetase la capacidad soberana del país para determinar sus normativas y regulaciones. Para llevar a cabo este objetivo, se creó la figura del Cuarto Adjunto de las negociaciones, a través de la cual se iba informando de la negociación en paralelo, a los distintos representantes de los estamentos sociales y empresariales. De esta manera, se limitó el velo del secretismo de las negociaciones. Sin embargo, el gobierno de Bachelet parecía contento con la “primera muerte” del TPP, después de que el Presidente Trump retirase a Estados Unidos del Acuerdo. El propio canciller Muñoz dijo a los medios que el TPP estaba, en su actual forma, muerto. Junto con el cambio de alma que vio el gobierno de Bachelet en su relación con la Alianza del Pacífico, vino también un cambio de alma con respecto al TPP. Contra todo pronóstico, el TPP pasó a ser parte central de la política de relaciones económicas internacionales de los últimos dos años del gobierno Bachelet, al punto que la firma del nuevo acuerdo (CPTPP) se hará en Chile el 8 de marzo. Con respecto a este punto, podríamos considerar que el gobierno cumplió a medias lo prometido, dados los cambios radicales que tuvo con respecto al acuerdo.
  1. Voto de Chilenos en el extranjero: El gobierno prometió implementar por primera vez el voto de los chilenos en el extranjero. El programa de la Presidenta Bachelet indicaba que el “Gobierno se compromete a impulsar el voto de chilenos en el extranjero.” Esto se cumplió el año 2016 cuando se aprobó la ley que permite el voto de los chilenos en el extranjero, siempre y cuando estén registrados para votar en el consulado que les corresponde. A raíz de esta ley, comenzó un intenso proceso de preparación que culminó con la votación de los chilenos que viven fuera de Chile en las elecciones presidenciales de finales del 2017. Si bien la cantidad de chilenos que votó fue baja respecto a lo esperado, el gobierno cumplió con su promesa de campaña.
  1. Legislación migratoria: Había un amplio consenso con respecto a la necesidad de actualizar la legislación migratoria en Chile, dada la realidad que vive nuestro país en el S. XXI. Esto fue reconocido en el programa de la Presidenta Bachelet, con el compromiso de realizar “modificaciones a la legislación migratoria que cambie el enfoque actual”. No se propuso originalmente enviar un proyecto de ley por lo tanto, sino que enmendar el existente. Finalmente, el gobierno optó por enviar un proyecto nuevo, aprobado el año 2017, el cual resuelve algunos de los problemas presentados por la altamente desactualizada ley vigente. El gobierno de Bachelet cumplió con esta promesa, aunque la nueva ley ha sido blanco de varias críticas por su bajo nivel de socialización en el proceso, sobre todo por parte de las comunidades de extranjeros residentes en el país.
  1. Modernización de la Cancillería: El gobierno aprobó, hace muy poco tiempo, un proyecto de modernización de la cancillería. Con respecto a este objetivo, me remito al artículo publicado por Marta Bonet en el diario El Mostrador, donde se analiza este nuevo proyecto. “Para hacer cambios estructurales a nuestro Servicio Exterior se requieren recursos y vemos con preocupación cómo se disfraza de “modernización” un proyecto que solo cumple con actualizar la orgánica ministerial sin atender al núcleo de cualquier modernización que son sus recursos humanos”. Siguiendo esta lógica, el gobierno de Bachelet efectivamente cumplió con el envío de un proyecto de ley que fue aprobado para modernizar la cancillería; pero dicho proyecto no moderniza la cancillería, sino que más bien la maquilla. No hace cambios estructurales. Por lo tanto, en este objetivo, podríamos argumentar que el gobierno de Bachelet no cumplió con la promesa.
  1. Agenda 2030: Este es un objetivo que empezó a ser concebido como tal el año 2016, dado que referencias a esta agenda en periodos previos eran inexistentes. El vuelco “multilateral” del gobierno también fue patente durante la segunda parte del gobierno de la Presidenta Bachelet. “Participamos activamente en la formulación y cumplimiento de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”. Efectivamente, la agenda 2030 se convirtió en una especie de “Nuevo Programa de Gobierno”, no sólo en las relaciones internacionales, sino que a nivel doméstico e interministerial. La influencia normativa que empezaron a ejercer los organismos internacionales ha sido propia de la política exterior Chilena, pero parecieron descontinuarse durante los dos primeros años de gobierno de Bachelet. Ahora bien, estos se retomaron con fuerza durante el “segundo tiempo”. Cuantificar o medir su cumplimiento sería difícil, pero podemos asegurar que son varias las unidades del gobierno que están llevando a cabo reformas en base a la Agenda 2030, por lo que el objetivo está, al menos parcialmente, cumplido.
  1. Nuevo marco de atracción de inversiones: El gobierno de Bachelet propuso la creación de una nueva agencia de atracción de inversiones extranjeras. Esto lo llevó a cabo durante los primeros años de su gestión con la creación de la agencia Invest Chile, la cual reemplazó al Comité de Inversión Extranjera. Si bien los cambios del CIE a Invest Chile no fueron realmente estructurales, la promesa de renovar la agencia de inversión de extranjera directa si se cumplió, y se dotó de mayores recursos y personalidad a esta nueva agencia, para promover la atracción de inversiones propias del S. XXI. En este punto, el gobierno cumplió con lo prometido.
  1. Demandas en La Haya: Los litigios vigentes con Bolivia en la Corte Internacional de Justicia de La Haya han seguido el curso de los acontecimientos bajo el tan repetido mantra de ser parte de una “política de Estado”. Considerando lo anterior, los equipos de trabajo han tenido continuidad, siendo el gobierno muy responsable en estas materias. Los resultados no necesariamente dependen del proceso que se ha llevado a cabo, sino que de la deliberación que cada juez haga, en su facultad interpretativa, de los hechos presentados. Por lo tanto, en función de lo que al gobierno le compete, también ha cumplido.

Hay una larga serie de objetivos más difíciles aun de medir, como por ejemplo “la conformación de relaciones más estrechas con la región del Asia Pacífico debe ser un objetivo prioritario de la política exterior de Chile” o “Chile será un activo protagonista de la política regional. Combinando lo político, lo económico, el comercio, la cultura y la cooperación para el desarrollo”. Para poder medir estos objetivos deberíamos en primer lugar establecer indicadores concretos que nos lleven a evaluar el cumplimiento de estas promesas, cosas que no se ha hecho.

En el global, podemos concluir que el gobierno de Michelle Bachelet, en política exterior, cumplió con varias de las promesas realizadas. De las ocho principales expuestas en el análisis anterior, podríamos argumentar que cumplió con cinco. Para las otras tres, argumentar cumplimiento es un tema discutible. Pero cabe destacar para finalizar un argumento que ya se hizo a lo largo del análisis anterior: El gobierno de Bachelet sufrió un cambio de alma, que pasó desde la búsqueda sin cuartel por la integración latinoamericana, a la priorización del Asia Pacífico y los organismos internacionales en la segunda etapa del gobierno. Por lo tanto, los pilares bajo los cuales se presentó la política exterior del Programa de Gobierno de Bachelet desaparecieron a mitad de camino, dificultando la medición de las promesas y su cumplimiento.

Fernando Schmidt H.

Profesor Investigador, CERI.
Facultad de Gobierno, Universidad del Desarrollo.